Comprender el trastorno afectivo estacional: síntomas, causas y estrategias de afrontamiento
- Dra. Brenda Ramos, PsyD

- 2 ene
- 4 Min. de lectura

Trastorno afectivo estacional: comprender su impacto y cómo afrontarlo
A medida que los días se vuelven más cortos y las temperaturas descienden, muchas personas notan cambios en su estado de ánimo, niveles de energía y motivación. Para algunas, estos cambios son leves y temporales; para otras, pueden convertirse en una condición clínica conocida como trastorno afectivo estacional (TAE).
El trastorno afectivo estacional es una forma de depresión que aparece de manera recurrente durante determinadas épocas del año, con mayor frecuencia en otoño e invierno. La combinación de menor luz solar, cambios en la rutina diaria y mayor tendencia al aislamiento puede intensificar síntomas depresivos en personas vulnerables.
Este texto tiene como objetivo explicar qué es el TAE, cuáles son sus síntomas, en qué se diferencia de otras formas de depresión y de la llamada “tristeza invernal”, y qué estrategias pueden ayudar a manejarlo de manera saludable.
El significado del invierno y la reducción de la luz
El solsticio de invierno, que ocurre alrededor del 21 de diciembre, marca el día con menos horas de luz solar y la noche más larga del año. Desde una perspectiva cultural y simbólica, este momento ha sido históricamente asociado con la introspección, el cierre de ciclos y la expectativa de renovación.
A partir de ese punto, los días comienzan a alargarse gradualmente. Para muchas personas, este retorno progresivo de la luz se asocia con un aumento de energía, esperanza y motivación. Sin embargo, el periodo previo —con menos horas de luz— puede resultar emocionalmente desafiante, especialmente para quienes presentan sensibilidad a los cambios estacionales.
¿Por qué la luz solar influye en el estado de ánimo?
La luz solar desempeña un papel importante en la regulación de procesos biológicos vinculados a la salud mental. La exposición a la luz contribuye a:
Regular el ritmo circadiano (reloj interno del cuerpo).
Favorecer la producción de serotonina, un neurotransmisor asociado al bienestar emocional.
Mantener un equilibrio adecuado de melatonina, relacionada con el sueño.
Durante el otoño y el invierno, la disminución de la luz natural puede alterar estos sistemas, lo que explica por qué algunas personas experimentan mayor cansancio, somnolencia, tristeza o dificultad para concentrarse.
Entre los factores estacionales que pueden contribuir al TAE se encuentran:
Reducción de la luz diurna.
Menor actividad al aire libre y disminución del contacto social.
Posible déficit de vitamina D.
Cambios en los patrones de sueño y energía.
Síntomas del trastorno afectivo estacional
El trastorno afectivo estacional comparte muchos síntomas con otros trastornos depresivos, pero se caracteriza por su relación directa con una época específica del año. De acuerdo con criterios diagnósticos descritos en el DSM-5-TR, los síntomas más comunes incluyen:
Estado de ánimo bajo la mayor parte del día durante la temporada.
Disminución de energía o fatiga persistente.
Alteraciones del sueño (dormir en exceso o dificultad para dormir).
Dificultad para concentrarse y pérdida de interés en actividades habituales.
También pueden presentarse síntomas menos conocidos, como:
Cambios en el apetito.
Aumento del deseo por alimentos ricos en carbohidratos.
Cambios de peso.
Sentimientos de inutilidad o desesperanza.
En casos más graves, pueden aparecer pensamientos relacionados con hacerse daño o con la muerte, lo que hace fundamental buscar apoyo profesional oportuno.
Diferencia entre el TAE y la depresión mayor
Aunque los síntomas pueden parecer similares, la diferencia principal radica en el patrón temporal.
En el trastorno afectivo estacional, los síntomas aparecen de forma recurrente durante el otoño o invierno y mejoran significativamente en primavera y verano.
En el trastorno depresivo mayor, los síntomas no siguen un patrón estacional y pueden mantenerse durante todo el año.
Reconocer esta diferencia es clave para un diagnóstico adecuado y un plan de tratamiento efectivo.
Tristeza invernal vs. trastorno afectivo estacional
No todas las personas que se sienten decaídas en invierno padecen TAE. La llamada tristeza invernal suele implicar:
Cambios leves en el ánimo.
Menor energía.
Irritabilidad ocasional.
Estos síntomas suelen ser manejables y no interfieren de forma significativa con la vida diaria. En cambio, el TAE se caracteriza por síntomas más intensos y persistentes que afectan el funcionamiento personal, social y laboral.
Estrategias psicoeducativas para afrontar el TAE
Existen diversas herramientas que pueden ayudar a reducir los síntomas del trastorno afectivo estacional:
Terapia de luz: el uso de lámparas especiales puede ayudar a compensar la falta de luz solar.
Actividad física regular: incluso caminatas breves pueden mejorar el estado de ánimo.
Rutinas estables: mantener horarios de sueño, alimentación y actividades ayuda a contrarrestar la apatía.
Exposición al aire libre: salir durante el día, aunque sea por periodos cortos, puede ser beneficioso.
Cuidado nutricional: una alimentación equilibrada y la evaluación de niveles de vitamina D pueden ser útiles.
Conexión social: mantener contacto con familiares y amistades reduce el aislamiento emocional.
Apoyo profesional: la psicoterapia puede ofrecer herramientas específicas para manejar los síntomas.
Prevención: prepararse antes del invierno
Para quienes han experimentado TAE en el pasado, comenzar con estrategias preventivas antes de que llegue el invierno puede marcar una gran diferencia. Iniciar rutinas, aumentar la exposición a la luz y reforzar redes de apoyo de forma temprana ayuda a fortalecer la resiliencia emocional.
La constancia es clave: cuanto más integradas estén estas estrategias en la vida diaria, mayor será la capacidad de afrontar los meses más oscuros del año.
Reflexión final
El trastorno afectivo estacional puede influir significativamente en el bienestar emocional durante el invierno, pero no tiene por qué definir esta etapa del año. Comprender sus causas y reconocer sus señales permite tomar un rol activo en el cuidado de la salud mental.
Con información, apoyo adecuado y estrategias consistentes, es posible transitar el invierno con mayor equilibrio emocional y recuperar la sensación de bienestar, incluso cuando los días son más cortos y fríos.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). DSM-5-TR: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders.
Rosenthal, N. E. (2018). Winter Blues: Everything You Need to Know to Beat Seasonal Affective Disorder. Guilford Press.
Lam, R. W., et al. (2006). The role of light therapy in seasonal affective disorder. CNS Drugs, 20(9), 711–726.
Magnusson, A., & Boivin, D. (2003). Seasonal affective disorder: An overview. Chronobiology International, 20(2), 189–207.





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