La necesidad de querer controlar todo: comprender su origen y aprender a soltar
- Dra. Brenda Ramos, PsyD
- 19 dic 2025
- 6 Min. de lectura

En la vida diaria muchas personas experimentan la necesidad de tener todo bajo control: planificar cada detalle, anticipar escenarios posibles, supervisar el trabajo de otros o insistir en que las cosas se hagan “a su manera”. Aunque tener cierto grado de organización es saludable, cuando la búsqueda de control se vuelve excesiva puede generar estrés, sobrepensamiento y dificultades en las relaciones interpersonales.
Es importante diferenciar este patrón de personalidad de condiciones clínicas específicas como el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (OCD, por sus siglas en inglés). En este blog abordaremos la necesidad de controlar fuera de un diagnóstico clínico, explorando su origen psicológico, lo que le ofrece a la persona, cómo afecta a quienes le rodean y qué estrategias prácticas pueden ayudar a cultivar la flexibilidad y el bienestar emocional.
¿De dónde surge la necesidad de controlar todo?
El control excesivo suele tener raíces en la historia personal, experiencias tempranas y creencias aprendidas. Algunas causas comunes son:
1. Inseguridad y miedo a la incertidumbre
Muchas personas desarrollan la idea de que si no controlan las cosas, algo saldrá mal. La incertidumbre genera ansiedad, y controlar cada detalle parece una manera de reducir el riesgo y anticipar problemas.
2. Experiencias de infancia
Crecer en un ambiente caótico o inestable (ejemplo: hogares con conflictos constantes, ausencia de figuras de apoyo) puede llevar a la persona a buscar control como una manera de generar seguridad.
En algunos casos, la persona aprendió que su valor estaba en cumplir expectativas estrictas o “hacer las cosas bien”.
3. Perfeccionismo internalizado
El control excesivo está vinculado al perfeccionismo, donde los errores se interpretan como fracasos graves. Querer controlar todo reduce la probabilidad de equivocarse, aunque al costo de altos niveles de estrés.
4. Experiencias de pérdida o trauma
Cuando alguien atraviesa situaciones donde sintió que “perdió el control” (muerte de un ser querido, enfermedad, rupturas), puede desarrollar la creencia de que solo estará a salvo si mantiene un control férreo sobre su vida actual.
¿Qué le brinda el control a la persona?
Aunque a largo plazo resulta agotador, en el momento la necesidad de controlar ofrece beneficios psicológicos inmediatos:
Sensación de seguridad: creer que “todo está bajo control” calma la ansiedad frente a lo incierto.
Estructura y orden: el control otorga predictibilidad, lo cual da una ilusión de estabilidad.
Autoafirmación: controlar puede dar la sensación de ser competente, responsable o confiable.
Reducción del miedo al error: al revisar, planificar y supervisar, se cree que se minimizan los riesgos de fallar.
El problema es que este alivio es temporal. La vida es impredecible y siempre habrá situaciones que escapan al control. Cuanto más se intenta dominar todo, mayor es la frustración al enfrentarse a lo inevitable.
¿Cómo afecta a quienes rodean a la persona controladora?
La necesidad de controlar no solo impacta a quien la experimenta, sino también a su entorno cercano:
Pareja: puede sentirse limitada, juzgada o asfixiada si cada decisión cotidiana debe ser revisada o corregida.
Hijos: cuando un padre/madre controla en exceso, los hijos pueden desarrollar inseguridad, miedo al error o rebeldía.
Ambiente laboral: los compañeros pueden sentirse desmotivados o poco valorados si no se les da autonomía.
Amistades: el control excesivo puede generar distancia, ya que se percibe como falta de confianza.
Con el tiempo, esta dinámica desgasta los vínculos y puede generar conflictos constantes.
El sobrepensamiento como aliado del control
El sobrepensar (darle vueltas una y otra vez a los mismos escenarios o problemas) suele ir de la mano con la necesidad de controlar. La mente busca anticipar todas las posibilidades para evitar errores o malas sorpresas.
Sin embargo, el sobrepensamiento provoca:
Agotamiento mental.
Dificultad para tomar decisiones.
Ansiedad constante.
Menor disfrute del presente.
Aprender a regular el sobrepensamiento es clave para poder soltar el control y abrirse a la flexibilidad.
Estrategias para soltar y permitir mayor flexibilidad
Soltar el control no significa descuidar responsabilidades ni “dejar todo al azar”. Implica aceptar que no podemos controlar cada detalle de la vida y que, aun con incertidumbre, es posible estar bien.
Aquí algunas estrategias prácticas y accionables:
1. Identificar los ámbitos donde sí y donde no tienes control
Haz una lista de las situaciones que te preocupan. Divide en dos columnas:
Lo que sí puedo controlar (ejemplo: mis hábitos diarios, cómo respondo a los demás).
Lo que no puedo controlar (ejemplo: el clima, las decisiones de otros, los resultados futuros).
Esta práctica ayuda a redirigir la energía hacia lo que realmente depende de ti.
2. Practicar la regla del “70-30”
Pregúntate:
¿Necesito que esto sea perfecto al 100% o puedo aceptar que con un 70% bien hecho es suficiente?Esto disminuye la exigencia de control y permite valorar el esfuerzo en lugar del resultado absoluto.
3. Implementar pausas de respiración antes de reaccionar
Cuando sientas la necesidad de controlar una situación (dar órdenes, corregir, sobreplanificar), haz una pausa de 3 respiraciones profundas. Pregúntate:
¿Esto realmente importa?
¿Vale la pena intervenir ahora?
¿Qué pasaría si no digo nada?
Muchas veces descubrirás que el mundo sigue funcionando aunque no intervengas.
4. Reestructurar pensamientos catastróficos
El control suele estar impulsado por pensamientos como:
“Si no lo hago yo, saldrá mal.”
“Todo debe ser perfecto o será un desastre.”
Prueba a reestructurarlos:
“Puedo delegar y confiar, incluso si el resultado no es exactamente como yo lo haría.”
“Hacer las cosas bien no siempre significa hacerlas perfectas.”
5. Usar límites de tiempo para el sobrepensamiento
Cuando notes que estás dando vueltas a un mismo tema, establece un “tiempo límite de preocupación” (ejemplo: 15 minutos). Luego, redirige tu atención a una actividad concreta como caminar, leer o escuchar música.
6. Practicar la flexibilidad con pequeños retos
Exponerte gradualmente a situaciones donde no tengas control es un ejercicio poderoso:
Dejar que otra persona escoja el restaurante.
No revisar tres veces un correo antes de enviarlo.
Delegar una tarea sin supervisar.
Con el tiempo, tu mente aprende que no pasa nada grave al soltar el control.
7. Cultivar la atención plena (mindfulness)
El mindfulness ayuda a observar pensamientos sin engancharse en ellos. Practicar unos minutos diarios de meditación o respiración consciente reduce la ansiedad y entrena la capacidad de aceptar lo que ocurre en el presente.
8. Buscar apoyo emocional
Hablar con la pareja, amigos o un terapeuta puede ayudarte a explorar las raíces de tu necesidad de control y aprender estrategias personalizadas.
Ejemplo práctico: Ana y su necesidad de controlar
Ana tiene 35 años y siempre ha sido organizada. Sin embargo, su pareja se siente frustrada porque ella insiste en revisar cada tarea del hogar. Además, en el trabajo, Ana dedica horas a corregir pequeños detalles en lugar de avanzar.
Origen: Ana creció en un hogar caótico y aprendió que “si no lo controlo, todo sale mal”.
Impacto: se siente agotada y su pareja resentida.
Cambio: comenzó a practicar la regla del 70-30 y a delegar pequeñas decisiones. Aunque al inicio sintió ansiedad, descubrió que el mundo no se derrumbaba y que tenía más tiempo para descansar y disfrutar.
Este ejemplo muestra que soltar no es perder el control, sino ganar libertad.
Beneficios de aprender a soltar
Cuando una persona deja de intentar controlar todo, experimenta:
Reducción del estrés y la ansiedad.
Relaciones más sanas y basadas en confianza.
Mayor espontaneidad y disfrute del presente.
Apertura a nuevas experiencias y aprendizajes.
Sensación de ligereza y libertad interior.
Conclusión
La necesidad de controlar todo nace de la búsqueda de seguridad, pero a la larga genera más ansiedad y conflictos que calma. Reconocer las raíces de este patrón es el primer paso para transformarlo.
Soltar no significa desinterés ni irresponsabilidad, sino aceptar que no todo depende de nosotros y que podemos vivir con mayor flexibilidad y confianza.
Las estrategias prácticas como identificar lo controlable, aplicar la regla del 70-30, regular el sobrepensamiento y practicar mindfulness permiten entrenar poco a poco la mente para vivir con menos rigidez y más bienestar.
Recuerda: la verdadera seguridad no viene de controlarlo todo, sino de confiar en tu capacidad para adaptarte a lo que la vida traiga.
Puntos claves
La necesidad de control surge de la inseguridad, el perfeccionismo o experiencias de caos o pérdida.
Ofrece una ilusión de seguridad, pero a largo plazo genera ansiedad y afecta a las relaciones.
Los demás pueden sentirse limitados, desmotivados o asfixiados por el control excesivo.
Estrategias útiles incluyen: diferenciar lo controlable de lo incontrolable, aplicar la regla del 70-30, practicar pausas de respiración, reestructurar pensamientos, limitar el sobrepensamiento y entrenar la flexibilidad.
Soltar el control no es perder, es ganar libertad y conexión.
Referencias
Brown, B. (2010). The Gifts of Imperfection. Hazelden Publishing.
Ellis, A. (2001). Overcoming Destructive Beliefs, Feelings, and Behaviors. Prometheus Books.
Kabat-Zinn, J. (2013). Full Catastrophe Living: Using the Wisdom of Your Body and Mind to Face Stress, Pain, and Illness. Bantam Books.
Shapiro, S. L., & Carlson, L. E. (2009). The Art and Science of Mindfulness: Integrating Mindfulness Into Psychology and the Helping Professions. American Psychological Association.
American Psychological Association (2022). Stress and Control. APA.org.

