¿Qué es la ansiedad inducida por la relajación?
- Dra. Brenda Ramos, PsyD

- 23 ene
- 4 Min. de lectura

Cuando relajarse aumenta la ansiedad: comprender la ansiedad inducida por la relajación
Muchas personas que viven con ansiedad reciben el mismo consejo una y otra vez: “relájate”. Siguiendo esa recomendación, prueban meditación, yoga, respiración profunda o ejercicios de atención plena. Sin embargo, para algunas personas ocurre algo desconcertante: en lugar de sentirse mejor, su ansiedad aumenta.
Esta experiencia puede generar frustración, confusión e incluso culpa:“Si estas técnicas ayudan a tanta gente, ¿por qué a mí me hacen sentir peor?”
Desde una perspectiva psicoeducativa, es importante aclarar algo fundamental: esto no significa que estés fallando ni que haya algo mal contigo. Existen procesos psicológicos bien estudiados que explican por qué la relajación puede resultar amenazante para algunas personas con ansiedad.
¿Por qué algunas personas ansiosas evitan relajarse?
Investigaciones en psicología clínica han encontrado que algunas personas con ansiedad evitan la relajación de forma estratégica, aunque no siempre de manera consciente. Esta tendencia no se debe a una preferencia por sentirse mal, sino a un intento de protegerse emocionalmente.
Según estudios liderados por la Dra. Michelle Newman, las personas con ansiedad pueden mantenerse en un estado de preocupación constante para evitar un aumento brusco de ansiedad en caso de que ocurra algo negativo.
En otras palabras, el sistema emocional “prefiere” una ansiedad constante y predecible antes que el riesgo de pasar de la calma a un pico intenso de miedo.
Ansiedad inducida por la relajación (AIR)
Este fenómeno se conoce como ansiedad inducida por la relajación. Se refiere a la aparición de ansiedad, inquietud o malestar emocional durante o después de intentar relajarse.
Las investigaciones muestran que esto ocurre con mayor frecuencia en personas que:
Son muy sensibles a cambios rápidos en emociones negativas.
Experimentan incomodidad al pasar de un estado de calma a uno de activación emocional.
Han aprendido, a lo largo del tiempo, que “estar alerta” parece más seguro que “bajar la guardia”.
Durante ejercicios de relajación guiada, estas personas pueden notar un aumento de pensamientos ansiosos, tensión corporal o sensación de pérdida de control.
La teoría de la evitación del contraste
Para explicar este patrón, la Dra. Newman propuso la teoría de la evitación del contraste. Esta teoría plantea que algunas personas se mantienen ansiosas para evitar el impacto emocional que sentirían si algo negativo ocurriera mientras están relajadas.
Desde esta lógica interna:
Estar preocupado “prepara” emocionalmente.
La relajación se percibe como un estado vulnerable.
La preocupación constante parece reducir el riesgo de decepción o sorpresa emocional.
El problema es que este patrón se refuerza con el tiempo. Como la mayoría de las cosas que preocupan no ocurren, el cerebro aprende erróneamente:“Me preocupé y nada malo pasó, así que preocuparme funciona”.
Aunque este razonamiento no sea útil a largo plazo, sí es comprensible desde el funcionamiento del cerebro ansioso.
¿Qué mostró la investigación?
En un estudio con aproximadamente 100 participantes —incluyendo personas con trastorno de ansiedad generalizada, trastorno depresivo mayor y un grupo sin diagnóstico clínico— se evaluó la respuesta emocional a ejercicios de relajación seguidos de estímulos emocionalmente activantes.
Los resultados indicaron que:
Las personas con trastorno de ansiedad generalizada mostraron mayor sensibilidad a cambios bruscos de emoción.
Esta sensibilidad se asoció directamente con ansiedad durante ejercicios diseñados para relajar.
Resultados similares, aunque menos intensos, se observaron en personas con depresión.
Esto sugiere que la dificultad no está en la técnica en sí, sino en cómo el sistema emocional procesa el cambio de estados.
Implicaciones terapéuticas
Desde una perspectiva clínica, estos hallazgos son importantes porque indican que:
No todas las personas deben empezar directamente con técnicas de relajación profunda.
Puede ser necesario trabajar primero la tolerancia a los cambios emocionales.
La exposición gradual a estados de calma puede ser más efectiva que forzar la relajación.
Como señalan los investigadores, aprender a permitir los cambios emocionales —incluida la calma— es una habilidad que se entrena con el tiempo, no una respuesta inmediata.
La atención plena, la terapia cognitivo-conductual y otros enfoques terapéuticos pueden ayudar a las personas a desarrollar mayor flexibilidad emocional y a reducir el miedo a relajarse.
Un mensaje normalizador
Si te has sentido identificado con esta experiencia, es importante que sepas algo: no estás solo. Muchas personas con ansiedad han vivido esta paradoja, aunque pocas la expresan abiertamente.
Comprender lo que ocurre en tu mente y en tu cuerpo puede reducir la sensación de rareza y aumentar la autocompasión. La psicoeducación no elimina la ansiedad por sí sola, pero sí devuelve una sensación de sentido y control.
La ansiedad no es un defecto; es un sistema que aprendió a protegerte. Con apoyo adecuado, puede aprender nuevas formas de hacerlo.
Referencias
Newman, M. G., Llera, S. J., Erickson, T. M., Przeworski, A., & Castonguay, L. G. (2013). Worry and generalized anxiety disorder: A review of the avoidance model. Journal of Affective Disorders, 148(1), 1–14.
Newman, M. G., & Llera, S. J. (2011). A novel theory of worry in generalized anxiety disorder: Avoidance of emotional contrast. Clinical Psychology Review, 31(3), 371–382.
Kim, H., Newman, M. G., & Llera, S. J. (2019). Relaxation-induced anxiety and emotional contrast sensitivity. Journal of Affective Disorders, 259, 290–297.
Borkovec, T. D., Alcaine, O., & Behar, E. (2004). Avoidance theory of worry and generalized anxiety disorder. Generalized Anxiety Disorder: Advances in Research and Practice.





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